La vida puede cambiar en unos segundos. Al protagonista de esta historia, Nino, le diagnostican cáncer un viernes y el lunes tiene que ingresar. Tiene todo un fin de semana para deambular y meditar por las calles de París. Pierde las llaves y no puede volver a casa, por lo que pasa tres días visitando a su expareja, a su madre, a sus amigos, que le celebran su cumpleaños, y a una antigua compañera del colegio. Con ella pasa una noche junto a su hijo de seis años, que le pregunta si vale la pena tener hijos, y ella le responde: «Es una gran experiencia que te pone límites en tu propia vida, y además te aman». Con una gran actuación de Théodore Pellerin, que a pesar de la enfermedad de su personaje transmite dulzura y ganas de vivir, la película deja numerosos mensajes sobre la importancia de valorar la vida, sentirse amado en los momentos difíciles y la solidaridad de quienes permanecen a nuestro lado, incluso de una amiga a la que hacía muchos años que no veía. A veces las enfermedades nos hacen comprender el verdadero valor de la vida, y Nino decide no contar nada a su entorno familiar para evitarles sufrimiento.
La ópera prima de Pauline Loquès cae como un torbellino de emociones, sutileza, delicadeza y ternura. Hemos visto muchas películas que narran la lucha contra una enfermedad, pero pocas se detienen en esos días de espera, en la banalidad de lo cotidiano y en ese aparente «tiempo muerto» que transcurre entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento. La directora aborda un asunto tan duro de una manera diferente a la habitual, centrándose en las decisiones que toma una persona y en cómo asume una noticia devastadora durante tres días decisivos de su vida. Entre esos dos acontecimientos fundamentales, el diagnóstico y el comienzo del tratamiento, todavía quedan muchos días y noches por vivir. ¿Cómo atravesarlos? La historia nace de una experiencia íntima de la autora, que se enfrentó a la enfermedad de uno de sus seres queridos. «Se llamaba Romain y la película está dedicada a él», confiesa. «Empecé a escribir para recuperar la esperanza».







