Con una tendencia brutal y ascendente del cine catalán, que además se puede ver en su idioma, nos llega esta gran película con una historia sobre una mujer y el deporte, una temática de la que empiezan a surgir grandes películas, aunque todavía no sea una tendencia muy abrumadora. Es el debut de la directora Laura García y también de la actriz Alba Sáez, acompañadas de Marina Salas y del actor Àlex Brendemühl, que está soberbio. Es un actor acostumbrado a pequeños papeles, pero incluso cuando no habla está espléndido con sus miradas y silencios.
Es una película dura, contada de forma magistral, sobre una deportista inmersa en el mundo del atletismo y en la lucha por disputar un campeonato. Sufre un brote psicótico que la obliga a alejarse de la alta competición. También muestra que estas personas son frágiles y que estar en la élite del alto rendimiento deportivo tiene sus peligros. El ser humano, en el trabajo, en la vida y en el deporte, por intentar alcanzar las mejores marcas y ser el mejor, puede llegar a un punto en el que la mente se rompe, como le pasa a la actriz de esta historia cuando intenta tirarse por la ventana. Gracias a Dios, siempre hay una segunda oportunidad en la vida, y lo que parecía una tragedia terminó siendo el inicio de un cambio, apoyada en todo momento por su familia y los médicos.
Gran escena la de la carrera de los 800 metros, donde iba última y fue adelantando una a una a sus contrincantes hasta ganar. Aquel día decidió que era más importante vivir que seguir luchando por ser la mejor. Para ganar en la vida también hay que saber perder, y Alba Sáez tira la toalla para empezar un nuevo cambio en su vida. Es una película con muchos mensajes y que toca numerosas temáticas: el esfuerzo, la familia, la superación y, ante todo, demostrar que el fracaso, a veces, puede ser un triunfo para seguir viviendo.








