Jesucristo dejó huella y permitió que los discípulos difundieran el cristianismo, pero un emperador veía como enemiga a esta religión y fue por los pueblos a saquear casas y quitar todas las figuras o manuscritos. Como le dijo el protagonista de esta historia: “El poder de la fe es más grande que tu imperio”. Año 303 d.C. El Imperio romano alcanza su máxima expansión, pero también su mayor persecución contra los cristianos. Jorge, un joven oficial del ejército, es promovido a capitán tras una brillante victoria. Sin embargo, cuando el emperador Diocleciano ordena la erradicación total de la fe cristiana, Jorge se enfrenta a una disyuntiva: obedecer al Imperio o seguir a Cristo.
Retrata el camino interior y exterior de un hombre que desafió el poder para defender su fe, y que sería venerado por siglos como San Jorge, símbolo de resistencia, libertad y justicia. La película recrea por primera vez en el cine la vida del legendario soldado romano convertido en mártir cristiano y símbolo universal de la fe.
No podían matar al soldado Jorge porque lo hubieran convertido en un mártir para el cristianismo, pero el emperador dio órdenes de realizar torturas muy crueles delante del pueblo cristiano, como enterrarlo tres días bajo tierra y con cal; era imposible salir vivo y se salvó. Lo envenenaron delante de su gente y sobrevivió, y hasta la mujer del emperador empezó a creer en él y fue encarcelada. Gran película, con una historia de 119 minutos que te va atrapando. Lo peor es que está hecha con pocos medios y se nota en la escasez de figurantes. Retrata muy bien a la gente que cree en Dios, la fe y el ser una buena persona.








