La directora Erige Sehiri, después de su gran película Entre las higueras (2022), nos trae un retrato de la fragilidad de tres mujeres y demuestra cómo es capaz, en apenas 92 minutos, de plasmar sus historias y sus vidas. Apuesta por una puesta en escena cercana al documental, donde la cámara observa con naturalidad los silencios, las miradas y las escenas domésticas, explorando la cotidianidad de tres mujeres costamarfileñas que emigraron a Túnez. Lejos de construir una ficción aleccionadora, la cineasta opta por un planteamiento íntimo en el que, gracias a tres interpretaciones magníficas, logra conectar con la realidad de tres mujeres que hacen de su refugio un verdadero hogar.
Un duro drama en el que Marie, una pastora marfileña y experiodista, vive en Túnez desde hace diez años. Allí da refugio a Naney, una joven madre en busca de un futuro mejor, y a Jolie, una estudiante que carga con las esperanzas de su familia. Cuando las tres acogen a Kenza, una huérfana de cuatro años superviviente de un naufragio, su hogar se transforma en una familia improvisada, cálida y frágil, en un clima social cada vez más tenso.
Uno de los aspectos más destacados de la película es su capacidad para abordar la migración sin convertir a los personajes en simples símbolos políticos o víctimas pasivas. Erige Sehiri presenta a las protagonistas como personas complejas, llenas de contradicciones, deseos y frustraciones cotidianas. Esa mirada permite que la historia conserve una enorme humanidad y evita caer en el paternalismo. La migración subsahariana femenina se muestra con numerosos matices y en toda su complejidad humana, reflejando una realidad que transita entre la amistad, la esperanza y la difícil supervivencia en una dura frontera africana, donde parte de la población reproduce la misma aporofobia de la que también es víctima.
Las protagonistas, incluida la niña, realizan unas interpretaciones impecables que ayudan a mostrar, sin moralejas ni juicios, unas complejas relaciones marcadas por la sororidad, la interdependencia y la necesidad económica. Es una película dura que recuerda que, para comprender a muchas personas, primero hay que conocer el difícil pasado que arrastran y las circunstancias que han marcado sus vidas. Solo así es posible dejar a un lado los prejuicios y sustituir el juicio por la comprensión, la empatía y el apoyo hacia quienes más lo necesitan.







