Terminaba el artículo anterior con la referencia al film ¿Por quién doblan las campanas?, dirigido por Sam Wood en 1942 y basado en la obra homónima de Ernest Hemingway, que se estrenaría en Estados Unidos el 16 de julio de 1943. Como ya escribí, no pudo proyectarse en España al estar prohibida por la censura franquista y, por tanto, no se estrenó comercialmente en cines hasta el 16 de julio de 1978, es decir, tres años después de la muerte de Franco, en una España donde se habían producido una serie de cambios políticos dirigidos al establecimiento de la democracia. A unos meses del referéndum constitucional1, celebradas en junio de 1977 las primeras elecciones plenamente democráticas, sin embargo, seguían teniendo fuerza los criterios que marcaron la historia del cine español entre 1939 y 1975 en muchos aspectos y, claro está, definieron el tratamiento que se daría a la Guerra Civil.
Como señala el título de este artículo, el régimen franquista emprendió la edificación de un relato que justificase tanto el golpe de Estado como la guerra que se desarrolló para salvar a España del “terror rojo”. Un relato construido sobre una representación que presentaba a los sublevados como las víctimas que se limitaban a defenderse mientras que los republicanos eran los perpetradores de los asesinatos y violaciones. Es así como se define el denominado Cine de Cruzada, donde el perdón a los enemigos no era una opción a seguir y donde solo cabía el exterminio. Esta interpretación olvidaba cualquier explicación histórica y dividía a los españoles en verdaderos (sublevados) o falsos (republicanos).

El régimen franquista fue el primero que pensó y puso en práctica una política cinematográfica en España. Es cierto que otros sistemas políticos o gobiernos anteriores ya tomaron sus decisiones sobre el cine. Por ejemplo, en la etapa de Alfonso XIII (1902-1931) se legisló sobre la censura desde 1912 para prohibir en las películas: el sexo, la violencia o aquellas ideas políticas contrarias a la ley. En la etapa republicana (1931-1936) se favoreció la firma de convenios de trabajo para los empleados del cine2. Hay que decir, finalmente, que la República apoyó el cine educativo para mejorar las elevadas tasas de analfabetismo3. Pero, insisto, la primera vez que un gobierno español pensó una política cinematográfica fue durante el régimen franquista, entre 1939 y 1975.
Y esa política fue posible porque las grandes fuerzas que conformaban el Estado aportaron un elemento de raíz guerracivilista y fascista, afectando a todo el territorio. No se puede olvidar, por poner tres ejemplos, que las subvenciones gubernamentales para financiar los proyectos fílmicos tenían como objetivo controlar lo que se rodaba y, así, a cambio de entregarles dinero, los productores aceptasen realizar un cine dirigido, en los años cuarenta, el anteriormente denominado como Cine de Cruzada; en los años cincuenta un cine marcadamente anticomunista y, finalmente, en los años sesenta, un cine de apertura4. Tampoco puede dejarse en el olvido que la Escuela Oficial de Cine, fundada en 1947, se creó para formar una elite de cineastas franquistas y, finalmente, que el Festival de San Sebastián, fundado en 1953, tenía como objetivo contribuir a la ruptura del aislamiento internacional de España en la época de la Guerra Fría, ruptura que vino definida por la firma de los Pactos de Madrid con el Gobierno estadounidense en septiembre del mismo año y con el Vaticano un mes antes.

Mención aparte merece el capítulo de la censura, una de las victorias que la Iglesia obtuvo al apoyar al bando sublevado: eliminó de las pantallas el sexo, el adulterio, el divorcio, el suicidio, los ataques al esquema social patriarcal y el menosprecio de la figura del sacerdote. En esta línea de práctica de la censura constituye todo un clásico recordar lo referente a la película Mogambo5: en el doblaje español de 1953, el código de censura franquista hizo que cambiasen torpemente los diálogos de la película para evitar que se produjera adulterio en el argumento, con lo que convirtió a los personajes de Grace Kelly y Donald Sinden en hermanos en vez de en matrimonio, provocando así contra su voluntad algo peor: un incesto. Por eso hubo que suprimir una escena de dormitorio en que solo había una cama presente. Esa distorsión no se produjo en los países hispanoamericanos, donde las películas estadounidenses no se presentaban dobladas, sino con la banda de sonido original y subtítulos.
Este repaso introductorio al cine sobre la Guerra Civil en el período franquista no puede acabar sin una referencia fundamental al compañero obligado en cualquier sala cinematográfica de aquellos años: Noticiarios y Documentales, más conocido como “el NO-DO”.

Creado por la Vicesecretaria de Educación Popular el 29 de septiembre de 1942, y siendo publicado en el número 356 del Boletín Oficial del Estado correspondiente al 22 de diciembre del mismo año6, Noticiarios y Documentales inició su andadura a partir de enero de 19437.
Desde el comienzo quedó claramente establecida la prohibición de que tanto en España como en los territorios coloniales se editase y, mucho menos, se pasase ningún otro noticiario cinematográfico ni documental. La proyección del NO-DO fue declarada obligatoria en todas las salas de proyección cinematográfica y, previamente, a cualquier film de la cartelera. El fin de todo ello era mantener una adecuada información nacional e internacional8. Desde 1943 hasta 1975 se elaboraron un total de 4016 programas y, finalmente, la obligatoriedad del pase cesó el 1 de enero de 1976, transformándose a partir de 1977 en una Revista Cinematográfica, editada en color y que no duraría demasiado tiempo, pues la Ley 4/1980, al promulgar el Estatuto de la Radio y Televisión, llevó a la extinción del Organismo Autónomo Nodo, integrándose así en el Ente Público Radio Televisión Española9.

El NO-DO surgió como un medio para el control y la centralización de la información audiovisual. No fue una idea original y revolucionaria con sello español, pues en los países totalitarios era lo común: Alemania, Italia y la Unión Soviética fueron claros ejemplos de ello. El NO-DO fue un medio de propaganda, a través del cual se contribuyó a la socialización política. Las noticias llevaban una evidente intención de adoctrinamiento en una población no formada en lo que se denomina la alfabetización audiovisual y con un escaso nivel de formación lecto-escrita.
No fue el único medio difusor, sino uno más, de la propaganda oficial del régimen. Entre el NO-DO y la prensa escrita, sin olvidar la radio, se trabajó de forma decidida en la consolidación de una ideología unificada. El NO-DO fue el único medio que presentó una crónica audiovisual del régimen franquista y siempre, siempre, prevaleció el carácter propagandístico-ideológico sobre el informativo. A día de hoy sigue constituyendo una fuente imprescindible para acercarse a la España de aquellos años y, especialmente, a la visión que dio sobre las mujeres10. Visión que puede estudiarse en dos grandes apartados, aunque íntimamente relacionados: el primero de ellos es la imagen que el NO-DO presentó sobre las mujeres y, segundo, la propuesta que desde Falange Española y la Sección Femenina, desarrolló en los diversos documentales. Visión que permaneció, incluso, en aquellos años 50/60 donde las circunstancias habían cambiado de forma notoria y evidente en la situación social, política y económica del país.

Pero, en definitiva, acabado el período franquista hubo que desmontar todo el entramado: la censura cinematográfica desapareció en 1977, lo cual no impidió que un film como El crimen de Cuenca, película española dirigida por Pilar Miró en 1979. Basada en hechos reales sucedidos a principios del siglo XX en los municipios de Tresjuncos y Osa de la Vega en la provincia de Cuenca. El crimen de Cuenca es también el título del libro escrito en 1979 por la guionista de la película, Lola Salvador Maldonado, en el que narra los hechos en los que está basada la película. La película tuvo problemas para ser estrenada, ya que se encontró con la obstrucción del entonces ministro de Cultura, Ricardo de la Cierva, y con que los tribunales de justicia consideraron que «podía ser delictiva contra el Cuerpo Judicial y la Guardia Civil». En 1981 el Tribunal Supremo finalmente autorizó la exhibición de la película que causó un gran impacto en la sociedad española de entonces.
En el próximo artículo desarrollaré algunos ejemplos de las películas más destacables que ayudaron a dar forma al relato sobre la Guerra Civil y que, desde un punto de vista historiográfico, son muy discutibles11.







