14/10/2009
[ José MarÃa Caparrós Lera. Vicepresidente de CinemaNet]
El vicepresidente 1º de CinemaNet acaba de publicar -como hemos anunciado en nuestra web- un nuevo manual: Historia del Cine Mundial (Madrid: Rialp, 2009, 293 págs. 23 €). Le hemos pedido una serie de colaboraciones, que inicia con esta sÃntesis del tema de su especialidad. “Influencia del cine en el espectador” y “Actitud del público ante una pelÃcula” verán la luz próximamente.
En este primer artÃculo, me propongo sintetizar la historia del Séptimo Arte con las mÃnimas palabras. A modo de travelling, ofreceré una breve panorámica del cine mundial, haciendo hincapié en cómo ha evolucionado el arte de las imágenes. En dos tiempos: primero, en el mundo; segundo, en España. Y con menos de mil palabras, en cada apartado.
MUNDO
Como todo aficionado sabe, el Cinematógrafo nació oficialmente en 1895, con la proyección pública de los hermanos Lumière en ParÃs, el 28 de diciembre. Pero habÃa antecedentes notables: Edison, en Estados Unidos; Skladanowsky, en Alemania. Los inventores franceses “vencieron” porque, como fabricantes de placas y máquinas fotográficas, ya tenÃan el mercado abierto.
Pero el cine nació como “curiosidad cientÃfica”. Lumière no vio la trascendencia que tendrÃa como espectáculo. Tuvo que llegar el maestro Georges Méliès para que comenzara a desarrollarse el Cinematógrafo: surgieron los primeros géneros y trucos fÃlmicos.
La industria apareció en Francia de manos de dos empresarios: Charles Pathé y Léon Gaumont, que arruinaron a Méliès. Y pronto el cine adquirió entidad como “teatro filmado”, gracias también a la corriente del Film d’Art. El género histórico italiano fue sustituido por los dramas sociales; mientras, el cine norteamericano se empezaba a desarrollar en Hollywood gracias a las primeras productoras y los maestros que establecieron el lenguaje del arte de las imágenes, especialmente David Wark Griffith. Con todo, hubo antecedentes en Inglaterra -la Escuela de Brighton intuyó la sintaxis del naciente Séptimo Arte- y en los paÃses nórdicos, después con el maestro Dreyer a la cabeza.
La Primera Guerra Mundial desplazó la preeminencia europea a los Estados Unidos. Aun asÃ, Alemania dio a luz en los años veinte una de las corrientes más importantes: el expresionismo. Al mismo tiempo, Francia destacaba con las primeras vanguardias -impresionista y el surrealismo- y la entonces Unión Soviética creaba una gran escuela, con el genial Eisenstein como principal figura. En esos años también se consolidarÃa Hollywood como Meca del Cine, con los primeros albores del cine “sonoro” y maestros del género cómico tan relevantes como Charles Chaplin y Buster Keaton. También el documental tuvo maestros como Robert Flaherty.
Los años treinta, a pesar de la Depresión, gozó de una época dorada en Estados Unidos: se desarrolla el film “parlante”, la comedia y el género musical… y, finalmente, el color. Las pelÃculas de Frank Capra retrataron como pocas aquella época de crisis. Y John Ford logró la renovación del género western. En Francia, la vanguardia del realismo poético tuvo a Jean Renoir y René Clair como cabezas de fila.
Aun asÃ, tuvo que llegar la Segunda Guerra Mundial para que el cine incidiera más en la propaganda, tras la ideologización de las dictaduras nazi y fascista, y también estalinista. Asimismo, el cine de gángsters reflejarÃa la crisis de este perÃodo bélico. Y apareció otro genio del Séptimo Arte: Orson Welles.
Pero en plena posguerra surgirÃa el movimiento más crucial de la historia: el Neorrealismo italiano. Fue un giro copernicano en el cine mundial: los directores bajaban con las cámaras a la calle para captar la realidad cotidiana, los problemas de la gente corriente. Y ahà están los grandes filmes de Roberto Rossellini y Vittorio de Sica como paradigmas. También se desarrolló el cine oriental, con maestros como Kenji Mizoguchi y Akira Kurosawa, en Japón; a la vez que en Suecia apareció otro maestro: Ingmar Bergman.
El cine social norteamericano fue cercenado por la tristemente célebre “caza de brujas” del maccarthismo. Pero se consolidaron el cine “negro” y de “suspense” como testimonios de un perÃodo. Nombres como los inmigrados Fritz Lang y Alfred Hitchcock realizaron algunas de las pelÃculas más representativas.
La generación de la Televisión desplazó a la llamada “generación perdida“, que tuvo que emigrar a Europa; al tiempo que en el Viejo Continente se producirÃa la revolución de las “nuevas olas” de los sesenta: intelectuales que se lanzaron a renovar el cine de cada paÃs: Nouvelle Vague, en Francia; Free Cinema, en Gran Bretaña; Nuovo Cinema, en Italia; Joven Cine, en Alemania; Nuevo Cine, en España… hasta el cine del “Deshielo”, en los paÃses del Este. La idiosincrasia y problemática de cada nación se plasmó en la pantalla.
Asimismo, durante esa década, nació el Cinema Nôvo brasileño, junto al desarrollo de la producción en los paÃses de América Latina, especialmente Argentina y México. En este último paÃs desarrollarÃa parte de su obra el español Luis Buñuel. También fue el despertar de Canadá y, luego, del cine australiano.
El cambio y la primacÃa que supusieron los movimientos de los años sesenta fue de algún modo compensado por el New American Cinema, germen del cine underground y, más tarde, por los filmes “contestatarios” USA, con firmas como Robert Altman y Arthur Penn. Mientras en Europa se imponÃa el género polÃtico, de manos del pionero Costa-Gavras, junto a Francesco Rosi y Gillo Pontecorvo, entre otros autores italianos.
TendrÃan que llegar los años ochenta-noventa, para que el cine cobrara visos más esteticistas y volviera el espectáculo tradicional. Pronto destacarÃa una nueva trÃada norteamericana: George Lucas, Steven Spielberg y Francis Ford Coppola, quienes sustituyeron al género de consumo “catastrofista” que habÃa imperado también en Hollywood. La Meca del Cine recuperó asà la preeminencia mundial. Y las salas europeas se vieron invadidas por las producciones estadounidenses, que acaparan las pantallas de todo el mundo. Sólo el despertar oriental -la India, con sus pelÃculas de Bollywood; China, con los filmes post-Mao; Japón, con su última ola; e Irán, con la escuela de Abbas Kiarostami- opondrÃa cierta resistencia.
En la actualidad, el cine digital -con las copias en DVD o Blue-Ray- y el fenómeno del Internet -el público puede “bajarse” las pelÃculas a su ordenador- anuncian una nueva era, donde el film tradicional peligra de extinguirse, si no fuera por la revolución que pronto significará el 3D.
Suerte que quedan firmas innovadoras como los hermanos Coen o los Dardenne, por citar sólo un binomio de cada continente, que, junto a manifiestos como el danés Dogma 95 y grandes clásicos como Clint Eastwood, ofrecen posibilidades para que el Cinematógrafo perdure como siempre fue: el arte de las imágenes en movimiento.
ESPAÑA
Hoy en dÃa, todavÃa se discuten los verdaderos orÃgenes del cine español. Las recientes investigaciones de Jon Letamendi y Jean-Claude Seguin han descartado que las famosas Salida de misa de 12 del Pilar de Zaragoza, de Eduardo Gimeno, y Riña en un café, de Fructuós Gelabert fueran las primeras pelÃculas autóctonas. Con todo, algunos historiadores aún arrastran esos tÃtulos como los pioneros.
Lo que sà está claro es que el catalán Gelabert y el aragonés Segundo de Chomón fueron los que inauguraron las primeras escuelas de la cinematografÃa española: la realista y la fantástica, respectivamente, a principios del XX.
Los años diez del pasado siglo fueron artesanales -no cabe hablar de una industria de cine en España-, siendo Barcelona el principal centro productor del paÃs, como vemos por las amplias filmografÃas de Albert Marro y Ricard de Baños, entre otros pioneros catalanes.
Mientras que en la década de los veinte aparecen las primeras inquietudes artÃsticas y socio-culturales, de manos de los después maestros Florián Rey y Benito Perojo, asà como el nacimiento de los cine-clubs y el surgimiento de los primeros crÃticos importantes (Juan Piqueras, Josep Palau, César Arconada, Miguel Pérez Ferrero, Luis Gómez Mesa, Manuel Villegas López, Sebastià Gasch y Antonio Barbero).
Sin embargo, tuvieron que llegar los años treinta para que el cine español empezara a hablar definitivamente. De ahà que la primera pelÃcula “sonorizada” fuera La aldea maldita. Pero, si nos atenemos a la producción del perÃodo 1918-1930, con tÃtulos tan destacables como Luis Candelas, o el bandido de Madrid (Armand Guerra, 1926), La malcasada (Francisco Gómez Hidalgo, 1926), Las de Méndez (Fernando Delgado, 1927), ZalacaÃn, el aventurero (Francisco Camacho, 1929) o Prim (José Buchs, 1930), no podemos ratificar simplificaciones como la que llevó a escribir al antiguo Director General, José MarÃa GarcÃa Escudero: “Nuestro cine es un pueblo: la andaluzada, la baturrada, la madrileñada, la zarzuelada” (1954).
Cuando Francisco ElÃas montó en Barcelona los Estudios sonoros Orphea Film, volvió la Ciudad Condal a protagonizar el cine español. Y pronto nació una pequeña industria, con productoras tan boyantes como la valenciana CIFESA y la madrileña Filmófono, para la que trabajó Luis Buñuel.
AsÃ, la II República recién nacida también tuvo su tÃtulo propagandÃstico: FermÃn Galán (Fernando Roldán, 1931), que “cantaba” al héroe del frustrado golpe de Estado de Jaca (1930). Fueron los años en que los referidos Florián Rey y Benito Perojo dieron a luz sus mejores pelÃculas. Una época dorada, calificada asà por Gasch y la gran “estrella” Imperio Argentina, que llevó a Luis GarcÃa Berlanga a definirla con estos términos: “El cine español ha tenido dos edades de oro. La primera fue durante la República, con la llegada del cine sonoro y el surgimiento de una industria con productores, técnicos y estudios. Todo ese proceso lo truncó la Guerra Civil” (1999).
Ciertamente, la Guerra Civil española acabó con el florecimiento de la naciente industria del cine nacional, pues los partidos polÃticos se ocuparon más de la propaganda, por difundir sus idearios, y no tanto por mantener la endeble infraestructura para que el cine español perdurase tras la contienda, “ganara” quien ganara… Con todo, en esos años bélicos, surgirÃa una escuela documental que no ha tenido parangón hasta el actual auge del género.
El largo túnel del franquismo, los cuarenta años de dictadura, no fueron tan negros en materia cinematográfica, como puede observarse por algunas pelÃculas interesantes: que van desde la mera propaganda polÃtica (Raza) hasta el cine histórico de cartón-piedra. Tras la triste AutarquÃa, el cine español -como el mundial- también hizo un giro copernicano hacia temas sociales, sobre todo con esas obras maestras que son Surcos (J. A. Nieves Conde, 1951), ¡Bienvenido, Mìster Marshall! (Luis G. Berlanga, 1952) y Muerte de un ciclista (J. A. Bardem, 1955), pelÃcula que se proyectó en las célebres Conversaciones de Salamanca. Ésta es la segunda edad de oro que señalaba Berlanga.
Aquel encuentro cinematográfico en Salamanca (1955) está considerado como la primera reunión de la oposición a la Dictadura franquista, y allà Juan Antonio Bardem pronunciarÃa su famoso discurso: “El cine español es polÃticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente Ãnfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquÃtico”. Además, se pusieron las bases al nacimiento del Nuevo Cine español en la década siguiente; “nueva ola” promovida desde el poder, paralela a las europeas de los años sesenta. En Cataluña, también la denominada Escuela de Barcelona tuvo cierto protagonismo en esa época.
En el tardofranquismo, Carlos Saura destacó con un cine crÃptico y más intelectual -junto a VÃctor Erice (El espÃritu de la colmena) y Manuel Gutiérrez Aragón (Habla, mudita), entre otros-, mientras se mantenÃan los géneros más populares, con el llamado cine del “destape” y de la “tercera vÃa”.
La muerte de Franco supuso el inicio de un cambio en la cinematografÃa española. En los años de la Transición surgieron dos corrientes: el cine “revanchista”, con especial incidencia en temas sobre la Guerra Civil y la Dictadura, y el renacimiento de las AutonomÃas, sobre todo de Cataluña y el PaÃs Vasco, con pelÃculas en lengua vernácula.
Después, cuando llegaron los socialistas al poder por vez primera, apareció el cine del “desencanto”, porque la endeble industria cinematográfica española siguió sin infraestructura y asimismo viviendo de las subvenciones y el “amiguismo” ya establecidos por el sistema franquista.
No obstante, en estos últimos años de democracia -pese al colonialismo de las pelÃculas estadounidenses- el cine español serÃa reconocido con diversos Oscars de Hollywood (José Luis Garci, Fernando Trueba, Pedro Almodóvar y Alejandro Amenábar, como directores; y Javier Bardem y Penélope Cruz, como intérpretes) y una joven generación de cineastas -con bastantes mujeres directoras- ha irrumpido en las pantallas del paÃs con cierta aceptación por parte del público.
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Etiquetas: cine, historia, mundial
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Estimado equipo de Cinemanet.info:
Como colega, miembro del Centre d’Investigacions Film-Història y amigo de su director, José Mª Caparrós, me dirijo a vosotros para pediros permiso para publicar este mismo artÃculo en mi web, que espero y deseo tengáis a bien visitar.
Gracias por vuestra comprensión,
Tomás.
Apreciado Tomás,
Todo un detalle que pidas permiso. Por supuesto, tienes autorización para reproducir el artÃculo, basta que cites autor, fuente (CinemaNet) y enlace a nuestra Web. Y, con este criterio, en adelante puedes coger todos aquellos contenidos que estimes conveniente.
He dado un vistazo a tu Web, http://www.cinehistoria.com, y tiene muy (pero que muy) buena pinta. En cuanto pueda, la visitará con más calma. Un saludo y gracias!
Me parece un excelente breve repaso por la historia del cine. En 5 minutos puedes hacerte una idea de como nació y conocer nuevos nombres relacionados con el cine.
Según mi punto de vista (poco experimentado) quizá faltarÃa alguna mención a Woody Allen y un repaso de los actores más populares de las últimas tres décadas.
Muchas gracias Sr. Caparrós.
[...] acometer este difÃcil tema. Con este artÃculo, nuestro colaborador cierra la serie iniciada con Evolución histórica del cine y La influencia del cine en el [...]