La Odisea es, sin ningún género de dudas, el estreno de la película más importante del año. No sólo por su director, Christopher Nolan, cuyas producciones siempre generan mucha expectación, sino también por la temática de la película. Es evidente que hay más estrenos importantes en el año, algunos ya han pasado por la cartelera y otros llegarán en la segunda mitad del año, pero no tienen la repercusión de La Odisea. Sus números son sencillamente apabullantes: más de 250 millones de dólares de presupuesto, rodada en localizaciones reales de 4 países, filmada con cámaras IMAX de 70mm, con un reparto de actores de primerísimo nivel… Queda claro que la apuesta de Universal y de Nolan es fuerte, así que vamos a analizar la película destacando algunos aspectos tanto positivos como negativos de La Odisea.
El clásico de Homero vuelve a estar de moda
Ésta es, quizás, la reflexión más evidente y a la vez más importante. La película gustará más o menos, se le podrán criticar algunos aspectos, pero lo que es innegable es que, ante todo, vuelve a poner de actualidad uno de los textos clave de la civilización occidental, La Odisea de Homero. Y esto ya es un éxito del que deberíamos alegrarnos todos los amantes del cine, de la literatura y de la cultura en general. Que un director tan reconocido como Nolan, con su capacidad de hacer buen cine, haya llevado a cabo un proyecto de tal magnitud y tan ambicioso, es un auténtico regalo.

Más que una película de aventuras
Una de las virtudes de La Odisea de Nolan es que, podríamos decir, se trata de una película de películas, recogiendo diversos géneros. Lo evidente es que se trata de una cinta de aventuras, donde vemos a Odiseo y sus soldados afrontar diferentes desafíos y escapando de ellos con fuerza e ingenio. Pero Nolan introduce también otros géneros, aparte de aventuras, en la película, combinando todos ellos a la perfección.
Sentimos el terror de Odiseo y sus hombres encerrados en la cueva del cíclope; vemos la masacre de los pretendientes en palacio, en una escena de acción al más puro estilo John Wick; presenciamos la tensión dramática de Penélope y su hijo Telémaco, consumidos por la espera del regreso de Odiseo; incluso, en el encuentro con la diosa Circe, al convertir en cerdos a los soldados, vemos una secuencia muy visceral, mezcla entre lo físico y un miedo primario. Así que, efectivamente, La Odisea es, a la vez, una película de aventuras, miedo, drama y acción; de todo, menos un producto aburrido.

Arrollador despliegue visual
Una de las características del cine de Nolan es, precisamente, la fuerza que contienen sus películas a nivel de imagen. Y La Odisea no podía ser menos. Secuencias como la del caballo hundido en la arena y luego transportado a Troya, el paso de la nave por Escila y Caribdis o el encuentro de Odiseo con las sombras de los muertos, entre muchas otras, son sencillamente espectaculares en lo visual y también en la tensión dramática que aportan a la película. No se trata de una mera composición de planos y de colocación de cámara, sino que la ambientación, las localizaciones, la iluminación, los decorados… todo encaja y sirve a la maravilla visual que es La Odisea.

Un apartado técnico sobresaliente
En línea con lo comentado en el punto anterior, no cabe duda de que la factura técnica de la película es impecable. Ya hemos hablado de la fuerza visual, de los planos, la ambientación, la iluminación… pero es que el apartado de montaje y post-producción merecen también ser destacados, así como la música que acompaña toda la película. Ludwig Göransson es el compositor de una banda sonora que se aleja del tono instrumental al que estamos acostumbrados, introduciendo una música oscura e inquietante, compuesta casi de ruidos de instrumentos, generando una atmósfera de tensión y de peligro. Eso sí, del vestuario… mejor no hablamos.

Un reparto de estrellas… con brillo desigual
La película rebosa de actores de primerísimo nivel que serán fácilmente reconocidos por todos los aficionados al cine. Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland, Robert Pattinson, Himesh Pattel, John Leguizamo, Elliot Page, Samantha Morton, Zendaya, Charlize Theron, John Bernthal, Mia Goth, Lupita Nyong’o y Ben Safdie, entre otros, son las caras más conocidas de un plantel difícilmente igualable. Hasta el rapero Travis Scott se ha unido a La Odisea. La cara B de este despliegue sin igual de actores famosos es que muchos de ellos no aparecen ni dos minutos en total en pantalla, y la película llega a convertirse en un “cameo” constante de caras conocidas que tampoco aportan nada al film.
Al margen de este hecho llamativo, cabe destacar las interpretaciones de Matt Damon como Odiseo, Anne Hathaway como Penélope, Tom Holland como Telémaco, Robert Pattinson como Antinoo, líder de los pretendientes y John Leguizamo como el porquero Eumeo. Ellos cinco llevan el peso dramático de la película y, por diferentes razones, son la auténtica alma de la misma.

¿Una adaptación fiel?
Evidentemente, nunca podremos saber cómo hubiera reaccionado Homero ante La Odisea de Nolan. Lo que sí sabemos es que quien vaya buscando una película fiel al texto clásico, verá cosas que le chirríen. Pero Nolan no engaña puesto que se trata de una adaptación libre del texto, y esto permite las licencias propias del director. Parte del vestuario, armaduras y cascos son anacrónicos; los más puristas no tragarán con una Elena de piel negra; hay omisiones importantes y se mezclan sucesos y aventuras de Odiseo. La estructura de la película, articulada en torno a los recuerdos de Odiseo utilizando numerosos flashbacks, yendo hacia atrás y hacia delante constantemente, hace la narración algo confusa. Y la aparición constante de personajes importantes, que apenas son introducidos, contribuye a esa confusión. Todo esto es lo evidente para el espectador, pero quizás lo más relevante es el tratamiento de fondo de los temas nucleares de La Odisea, y eso ya no es tan evidente.

Nolan plantea una película centrada en las consecuencias desastrosas de la guerra, en las heridas interiores que ésta ha provocado en Odiseo y sus hombres, atormentados por la violencia y el colapso de la civilización que ellos han conocido. Son ideas que están bien, que son muy actuales y que ofrecen la personal visión de Nolan sobre el clásico, pero que profundizan en la desesperanza más absoluta. Me atrevo a decir que este planteamiento está muy alejado de la esencia de La Odisea, donde la clave de todo es la vuelta a Ítaca, la vuelta a casa. Sólo la esperanza de que existe un lugar, una familia y una comunidad que esperan el regreso de Odiseo, permite que el héroe pueda aguantar 20 años fuera de su reino, sometido a toda clase de infortunios. Y cuando llegue a Ítaca, todavía tendrá que restaurar el orden violentado por los pretendientes, que rompieron las normas de hospitalidad cayendo en el caos moral. Por tanto, hay una lectura más profunda y esperanzadora de la película que no está lo suficientemente bien desarrollada.
En definitiva, La Odisea es un film muy destacable, cuya principal virtud es volver a poner de moda el texto clásico de Homero, y ahí es de alabar la valentía de Nolan en afrontar un proyecto de este tipo. Por momentos la película es impactante, pero adolece de cierta emoción y corazón; tal vez, porque la esencia inmortal del clásico griego ha quedado opacada por otros elementos. Pero a pesar de todo, el texto tiene tanta fuerza que es imposible que no corra por las venas de la película beneficiándose de la calidad de un director tan potente como Nolan.








