Quizá sea una de las mejores películas que se hayan filmado con varias historias que, al mismo tiempo, están todas enlazadas. Es una película muy dura sobre la guerra de Siria, con personajes divididos en cinco partes: la médica, el soldado, el traficante, el poeta y el capitán. Retrata de manera extraordinaria el día a día de un país en guerra y a cada uno de sus protagonistas con sus propios ideales: el poder, las ganas de huir a otro país en busca de un mundo mejor y hasta el soldado que mataba por su patria y busca su redención en una lancha con 28 personas, muchas de ellas incapaces de nadar. No es una película dura, es durísima, pero está tan bien filmada que el director logra que cada una de las cinco historias parezca no tener final hasta que, en el desenlace, nos regala el placer de descubrir qué ocurrió con cada una de ellas. Bien filmada, con una gran fotografía y un numeroso reparto con buenas interpretaciones.
Cuando una médica se ve obligada a huir de la guerra con su hija pequeña, una decisión desesperada cambiará para siempre el destino de cuatro desconocidos unidos más allá de las fronteras. En su camino se cruzarán un contrabandista dispuesto a todo por salvar a su hijo, un soldado dividido entre el deber y la conciencia, un poeta en busca de un lugar al que llamar hogar y un capitán de la guardia costera atrapado entre la ley y la compasión. Ganadora del Premio Amnistía Internacional en la Berlinale, la película entrelaza las historias de cinco desconocidos para ofrecer un poderoso retrato sobre la esperanza y la supervivencia.
En una época dominada por producciones que buscan el impacto inmediato, La última travesía destaca por su humanidad y por la capacidad de emocionar sin recurrir al espectáculo. Es una película que probablemente no haga salir al espectador eufórico de la sala, pero sí pensativo y con la sensación de haber acompañado a unos personajes reales en un momento decisivo de sus vidas. Hay películas que no necesitan grandes artificios ni espectaculares efectos visuales para conmover al espectador. La última travesía pertenece a ese tipo de cine que se apoya en los personajes, en sus silencios y en el peso emocional de un viaje que es mucho más interior que físico.







