Estamos en un furor en los últimos años de películas de colegios y esta no defrauda, con un guion soberbio, con mucho ritmo, entretenida. Bad Apples es una propuesta tan incómoda como provocadora que mezcla comedia negra, drama y thriller para hablar de un problema muy actual: los límites de la educación y hasta dónde puede llegar un profesor desesperado cuando todos los métodos convencionales han fracasado. ¿Qué pasa si una profesora tiene un alumno complicado con el cual tiene una pelea fuera del colegio, él la amenaza con contarlo todo y la profesora toma la decisión de secuestrarlo una larga temporada en su casa y darle clases para que no pierda el ritmo escolar y empieza a prosperar? Nos recuerda a dos películas míticas, La habitación (2015), en la que una madre es secuestrada con un niño de 5 años que no conoce el mundo, y El coleccionista (1965), en la que un hombre secuestra a una mujer en el sótano de su casa hasta que se enamore de él.
Detrás de esta película hay una crítica solución al mundo que a veces construimos en la individualidad del ser humano y de la maldad. La profesora es mala, el niño también, una niña de la clase es terrible y todos los padres, cuando descubren lo que pasa, votan a favor de que el niño siga secuestrado y, encima, a la profesora se le sube de cargo. La interpretación de Saoirse Ronan, de diez, una mujer agotada, frustrada y progresivamente atrapada por sus propias decisiones, y lo demostró en otros trabajos: Lady Bird, Mujercitas y Brooklyn. Los últimos 30 minutos son los mejores y con gran giro de guion. Película divertida, de muchas risas, y que logra su director que, aunque sea muy surrealista todo lo que ocurre en la película, te lo creas y lo disfrutes, algunos personajes como los padres de los niños que se comportan de forma salvaje, mirando más por su hijo que por la educación global.
Lo más interesante de Bad Apples es precisamente que no ofrece una respuesta cómoda. Su metáfora de la «manzana podrida» puede aplicarse al alumno, pero también al propio sistema educativo y, finalmente, a una sociedad capaz de aceptar comportamientos moralmente cuestionables cuando aparentemente solucionan un problema.







