Una gran película de culto es King Kong (1933), que en las listas de las cien mejores películas de la historia de distintas publicaciones y entidades, como FilmAffinity, IMDb, American Film Institute, Cahiers du cinéma y British Film Institute, solo aparece en una. Fue el primer largometraje de la saga de monstruos, que luego ha ido derivando hacia otras formas de criaturas monstruosas. En 2003 gustó mucho al público. Secuela de Godzilla: Minus One (2023), que además ganó como mejor película en la Academia de Japón, con ocho premios en distintas categorías, y participó este año en los Oscar, la nueva entrega no enamora a sus seguidores como la primera, pero es aceptable y no pierde intensidad, tiene todos los elementos: acción, aventuras, drama, suspense y thriller. Los nuevos monstruos son gigantescas criaturas animalescas, de aspecto fiero, temible y mirada desafiante. Lo mejor, sin duda, son los efectos especiales, la magnitud de la destrucción y la capacidad de Yamazaki para convertir a Godzilla en una fuerza aterradora. Las criaturas parecen casi reales, como demuestra la escena de un avión que vuela a ras del mar mientras el monstruo lo persigue.
La trama de esta nueva saga se desarrolla en Japón, un país que la guerra dejó en la ruina y que Godzilla hundió aún más. Han pasado dos años desde entonces y el país sigue luchando por reconstruirse y volver, por fin, a la normalidad. Cuando la humanidad apenas empezaba a recuperar la paz, una nueva amenaza irrumpe y hace añicos toda esperanza en un instante. No habrá una tercera oportunidad. Es una película muy coral, con actuaciones aceptables, y destaca especialmente lo bien conseguida que está la música en los momentos en que aparecen los monstruos. Está bien filmada esta secuela, que amplía el espectáculo y eleva la ambición técnica, rodada con tecnología certificada para IMAX. Lo peor es que el drama familiar no alcanza la intensidad emocional de la primera.















