A veces puede que no demos a los guionistas la importancia que tienen en la creación de las películas, pero ellos son la base de todo. De un buen libreto puede salir una buena o una mala película, pero de un mal libreto solo puede salir una mala película. Este es un axioma que nunca falla ya que hay películas con presupuestos desbordantes que acaban siendo horribles por un guion malo, sin sustancia ni conflicto ni nada. Y al revés: películas con poco presupuesto pero con ideas excelentes que acaban siendo recordadas para bien. Pues en ambos casos la “culpa”, además del director, es del guionista. Por eso hay que lamentar la pérdida de un gran desconocido para el público en general, pero no por ello hay que ignorarle: William H. Wisher Jr.
Nació el 23 de mayo de 1955 y ya desde joven se fue haciendo hueco en Hollywood en todo lo que podía, de hecho uno de sus primeros grandes aciertos fue acercarse a un genio del cine, un tal James Cameron que por aquel entonces buscaba su sitio en una empresa tan competitiva.

Cuando el director de las dos primeras Terminator empezó a gestar la primera película, basada en una pesadilla de una calavera entre llamas, William H. Wisher Jr. le prestó su ayuda para desarrollar el guion aportando diálogos, escenas y soluciones narrativas que, poco a poco, fueron dando lugar al guion definitivo de lo que hoy es una de las obras maestras del cine de ciencia ficción y acción: Terminator (1984), protagonizada por Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton y Michael Biehn. No hace falta recordar el éxito que tuvo, absolutamente inesperado, y que se rodó, hablando mal y pronto, “con dos duros”, y muchas veces rodando sin autorización y vigilando que la Policía no les viera para que no les detuviera.
Así que Cameron, que será pesado con las criaturas azules pero de tonto no tiene un pelo, volvió a trabajar codo con codo con él para desarrollar una de las mejores secuelas de la historia: Terminator 2: el juicio final (1991), superando en absolutamente todo a la primera, por supuesto también en el guion. ¿Quién diría que lo que se abordaba en ambas películas, sobre todo en la segunda, iba a prever lo que hoy vemos? Sí, robots inteligentes y su relación con el ser humano.

La siguiente película con su firma fue Juez Dredd (Danny Cannon, 1995), adaptación bastante libre del célebre personaje de los cómics británicos protagonizada por Sylvester Stallone, pero en este caso no tuvo tanto éxito de crítica y público, sobre todo por la polémica decisión de mostrar a Dredd sin el casco (algo solucionado en la película de 2012 y de la que aún tenemos esperanzas de ver secuela).
Volvió con El guerrero número 13 (John McTiernan, 1999), basada en la novela de Michael Crichton, y colaboró en las dos versiones de la precuela de El exorcista: El exorcista: El comienzo (Renny Harlin, 2004) y Dominion: Prequel to the Exorcist (2005).
Sin estar acreditado, en 2007 trabajó en otra magnífica secuela: La jungla 4.0 (Len Wiseman, 2007), cuarta entrega de la saga protagonizada por Bruce Willis; su último trabajo conocido y acreditado fue el thriller tecnológico I.T. (John Moore, 2016), protagonizado por Pierce Brosnan.
Como decimos, la importancia del guionista es fundamental en todas las películas, y se nos ha ido uno de los más grandes aunque su nombre no resuene tanto como el de otros como David Koepp o Aaron Sorkin, pero que merece ser recordado siempre.