Tenemos dos películas que nos hablan de casos reales de fabricación de billetes Los falsificadores (2007) y Atrápame si puedes (2002). Nos llega un largometraje fascinante sobre un genio que trajo durante quince años de cabeza al Banco de Francia y a un comisario empeñado en dar caza a un falsificador que era casi perfecto. Hacía billetes con papel de tabaco de los estancos, que compraba por toda Francia para no levantar sospechas. Pagaba solo con un billete en cada tienda y en una calle distinta, y fue tan discreto que hasta los últimos años su mujer no supo nada, a pesar de trabajar en la propia casa.
Con la profesión de inventor sobrevivió muchos años, pero tenía una puerta tapada por un armario que daba acceso a un cobertizo artesanal donde escondía su búnker, la imprenta y las placas para fabricar billetes. Además, pintaba tan bien que, cuando el Banco de Francia sacó el billete Bonaparte en los años sesenta, considerado imposible de falsificar, el protagonista de nuestra historia envió en un sobre cerrado una carta al comisario que lo perseguía con esta nota: «Si me quieren contratar, mi billete está mejor». Tan bien estaba realizado que años después se pujó por él en una subasta pública.
Nació en 1912 y murió en 2003. Solo estuvo quince años en la cárcel y su historia se desarrolla en el París de la posguerra hasta 1960. La película está dividida en cuatro partes y cuenta con una gran interpretación de Reda Kateb. Con una enorme fuerza narrativa, su director, Jean-Paul Salomé, que a pesar de tener solo diez películas posee una filmografía muy interesante, logra que el espectador se enamore de este falsificador y que hasta el propio comisario admire su trabajo y lo difícil que fue atraparlo.
Conocido en el submundo como el «Cézanne de la falsificación», durante quince años mantuvo una doble vida impecable. Mientras su familia hacía una vida completamente normal en casa, sus hijos no supieron a qué se dedicaba hasta el mismo día de su detención. Ahora que está de moda hacer películas largas, en esta, con sus 128 minutos, uno se queda con ganas de más tiempo para seguir descubriendo a este personaje y esta fascinante historia, donde un hombre humilde, un refugiado polaco, se enfrentó al sistema y convirtió su profesión en una obsesión y en un auténtico arte, hasta el punto de firmar sus propios billetes, como después descubre la investigación.
Gracias a su cuidada reconstrucción y a sus elegantes y clásicos trajes, la película exalta el dulce aroma de las décadas de los años cuarenta a los sesenta.







