Hacer una película romántica siempre es difícil, porque cada persona entiende el amor de una manera distinta: cómo expresarlo, compartirlo y vivirlo junto a esos miedos que siempre aparecen en las relaciones. Esta maravillosa película nos presenta a una pareja a través de tres etapas de su vida. Nino y Yasmina nacieron el mismo día, en medio de una tragedia que sacudió Beirut, y ya desde los siete años surgió entre ellos un amor que quedó marcado por el tiempo. Sin embargo, no fue hasta casi treinta años después, en un segundo encuentro provocado por esas casualidades de la vida, cuando llegó su primer beso y volvió a florecer un sentimiento que nunca desapareció del todo, en un país marcado por las guerras y la falta de esperanza.
Ella acababa de recibir un nuevo trabajo con destino a Alemania y, camino al aeropuerto, parecía claro que lo mejor era dejar atrás la relación. Yasmina tampoco quería tener hijos, mientras Nino soñaba con echar raíces y formar una familia. La película habla precisamente de ese miedo al amor, de la dificultad de tomar decisiones valientes y de cómo, muchas veces, el mejor amor es el que termina escapándose. A lo largo de tres décadas de pasión, desamor y esperanza, ambos personajes se enfrentan constantemente a una elección imposible: apostar por el amor o rendirse ante la necesidad de sobrevivir en un entorno que cada día les rompe un poco más el corazón. No es casualidad que la película haya emocionado tanto en festivales como Venecia y Valladolid, donde consiguió premios tan importantes como el Premio del Público.
Pero esta obra es mucho más que una historia romántica. Es también una reflexión sobre los miedos, sobre la incapacidad de demostrar todo lo que uno siente por la otra persona y sobre la belleza que puede existir incluso en las segundas y terceras oportunidades. Además, la película destaca por su gran fotografía, por una sólida estructura narrativa y por la magnífica interpretación de Mounia Akl, capaz de transmitir una enorme sensibilidad y belleza a través de su mirada. Es un largometraje de familia, de cocina, de encuentros y despedidas, que consigue convertir el amor en algo profundamente humano y transmitir esa emoción durante toda la película.