Hacía años que no veía algo igual en una película española, con tanto marketing detrás. Antes de su estreno, seis días antes, las entradas estaban agotadas en algunos cines y el pase de prensa, a tope: lo nunca visto. Representará a España en los Oscar en la categoría internacional y, con toda seguridad, ganará los Goya, como ya pasó en la pasada edición con Los domingos. Esta vez no hay que hacer quinielas: la Academia la tiene bendecida. Como crítico de cine, nunca veo ni el tráiler ni de qué va la película, y tenía mis dudas antes de verla. Y así fue: una decepción total. De las tres candidatas españolas seleccionadas para los Oscar, Los domingos es una película sobresaliente que ya está en mi ranking de las 100 mejores películas españolas de la historia, El ser querido, aceptable, y La bola negra, una película más del cine español que ni siquiera entra entre las 100 mejores de 2026. La maquinaria de Netflix que está detrás de la película ha conseguido que vaya a los Oscar. Hay más de 25 películas del cine español de 2026 de mayor calidad que La bola negra.
Una película que une tres historias situadas en épocas diferentes, 1932, 1937 y 2017, a través del dolor y la memoria. La película consigue que esa memoria no quede únicamente en el pasado, sino que tenga una continuidad emocional en las generaciones posteriores, a partir de una obra inacabada de Federico García Lorca que comenzó a escribir «La bola negra», de la que solo se conservan cuatro páginas. La historia arrancaba con un joven que intentaba ingresar en un prestigioso casino de Granada. La admisión se decidía mediante una votación con bolas blancas y negras. El protagonista recibía una bola negra y era rechazado por su homosexualidad.

Magnífica producción, técnicamente perfecta, con planos preciosos e imágenes potentes. Hay momentos brillantes de puesta en escena. Pocos actores sobresalen, solo los secundarios Antonio de la Torre, Lola Dueñas y uno de los actores corales de esta historia, Carlos González. Sale hasta Penélope Cruz, para mí una actriz sobrevalorada, y destaca un buen papel de Glenn Close. Poca fuerza narrativa en una película que, en muchos tramos, entra en el aburrimiento, con un guion poco acertado que cuenta tres historias entrelazadas que habría sido mejor separar. Si se hubiera rodado toda la película en blanco y negro, habría tenido más calidad. Los Javis, que en 2017 ya realizaron su primera película, La llamada, demuestran ahora, con su segundo largometraje, que el mundo del estrellato y de la sobrevaloración de una película y de sus directores es casi ciencia ficción y que consiguen arrastrar al público español. Así está el cine español, triste, muy triste.







