Título original Three Came Home traducido en España por Regresaron tres. Magnífica película bélica basada en hechos reales estrenada en 1950.
El film fue una adaptación del libro autobiográfico de Agnes Newton Keith, su protagonista. El guion corre a cargo de Nunnally Johnson y la dirección corresponde a Jean Negulesco. Estupendos los intérpretes, en especial Claudette Colbert, en un papel intensamente dramático donde vulnerabilidad y fortaleza se entremezclan de forma admirable. Destacan también Patric Knowles o Florence Desmond entre otros. En el papel de coronel Suga sobresale Sessue Hayakawa, actor de films mudos en Japón y que, después de esta película, es fichado por Hollywood, donde encarnó al coronel Saito en El puente sobre el río Kwai.
La música es inquietante y envuelve las escenas de manera asombrosa. La fotografía, a cargo de Hugo Friedhofer y Milton R.Krasner, absorbe al espectador en sus bellísimas tomas de primeros planos. De hecho, observamos primerísimos planos absolutamente maravillosos. Se trata por tanto de una brillante cinta que, de modo elegantísimo, refiere la crueldad de toda guerra y la desesperación de los más indefensos. Claudette Colbert obtuvo el Premio Photoplay (1950) a la mejor interpretación del mes y fue nominada a la Medalla de Oro Photoplay (1950) a la actriz más popular.
Agnes Newton Keith, la protagonista de esta historia autobiográfica, fue una escritora estadounidense conocida principalmente por sus tres relatos sobre su vida en Borneo antes y después de la Segunda Guerra Mundial. El segundo de sus relatos narra su experiencia en el campo de internamiento japonés con su hijo pequeño y separada de su marido. Explica con detalle la situación de los prisioneros tras más de tres años de internamiento. Se adaptó al cine en el año 50, tres años después de su publicación, con el mismo título. Fue un gran éxito de ventas. Publicó siete libros en total. Junto a su marido coleccionaron miles de obras en relación a las tierras en las que pasaron sus primeros años de matrimonio.

Se cuenta que una de las compañeras de internamiento de Agnes, Hilda E. Bates, la describió en la entrada de su diario fechada el 21 de septiembre de 1944: “Entre mis compañeros de campamento hay algunas personalidades destacadas, y la siguiente es una de ellas. La Sra. A.K., una reconocida novelista estadounidense, se propone escribir un libro sobre nuestra vida aquí. El comandante del campamento japonés la busca mucho, ya que ha leído uno de sus libros anteriores sobre Borneo. Al parecer, cree que una taza de café en su oficina y un paquete de galletas como regalo para su hijo pequeño le asegurarán aparecer como un héroe en dicho libro”.
En 1947 regresa a Borneo y publica en 1951 su tercer libro El regreso del hombre blanco donde narra su vida hasta prácticamente su marcha definitiva en 1952. Todavía se conserva su casa colonial en aquellos parajes de Sandakan. Agnes Newton Keith murió a los 80 años el 30 de marzo de 1982 y su esposo unos meses después ese mismo año.
La historia cuenta como Agnes Newton Keith (Claudette Colbert), única norteamericana en Borneo, se queda con su marido a pesar de la incertidumbre bélica. Los japoneses no tardan en invadir la isla y hacerles prisioneros en el mismo lugar donde viven. Separados de sus maridos, las mujeres lucharan como pueden contra el hambre, las enfermedades y la violencia de los soldados. Solo la relación con el coronel Sugan que admira a Keith, permite algo de esperanza en esta valiente mujer.

Una curiosidad encontrada en la revista Liceo nº65 en enero del año 1951: “Esta angustiosa película, pictórica de duro realismo, está basada en la novela del mismo título de Agnes Newton Keith, y explica la vida en los campos de concentración del personal civil de las posesiones inglesas que fue apresado por los nipones durante la guerra última. La acción se centra en una familia compuesta por padre, madre y un hijo de corta edad, que es escindida, pasando la mujer y el niño a un campo y el marido al destinado a los varones. Desgraciadamente, la guerra es un hecho durísimo y quedan muy atrás, en la Historia, los tiempos caballerescos en que se conducía con guante de terciopelo ; quiero decir, sin justificar nada, que la vida en los campos de concentración fue tan desdichada y amarga como explica la señora Newton y como narra, cinematográficamente, el director Jean Neguiesco, muy dueño de todos sus recursos y resortes, eficazmente ayudado por una interpretación excepcional a cargo de Claudette Colbert, actriz cuya ductilidad expresiva, cuya flexibilidad de adaptación a los papeles más di versos es inequívoca manifestación de su gran talento dramático.”
En efecto, lo que se narra fue un penoso y largo cautiverio ya que, aunque la guerra terminó en agosto, los aliados tardaron en llegar a la isla para liberarlas. Este documento histórico, muy cercano en el tiempo de los hechos ocurridos, describe muy bien el sufrimiento de tantos civiles en aquella Asia de los años 41 al 45. La misma cinta nos recuerda que la familia del coronel Sugan estaba viviendo en Hiroshima por lo que intuimos en seguida como el terror se presentará vestido con otra cara.
Nos encontramos ante una película bélica especial y digna de ser tenida en cuenta. La obra del rumano Jean Negulesco, como de tantos otros artesanos, ha sido mayormente minusvalorada. Obras casi maestras como Humoresque (1946) subraya el buen hacer de esta director. Three came home es otro ejemplo magnífico de su maestría. No hay excesos ni debilidades pese a ser un film bélico, hay sobriedad y realismo crudo. Casi como si de un documental se tratara asistimos a una realidad cruel que se vive con una tensa serenidad e incluso con momentos de humor. La cámara muy cercana a los rostros asustados de las mujeres, nos permiten compartir unas vivencias extremas que son completadas por la voz en Off de la protagonista. La entereza de Agnes se mantiene por el amor a su hijo y a su esposo.

Impresionantes las imágenes de Agnes saliendo del campo de prisioneras para ir al encuentro de su marido entre la lluvia y el aire, en medio de una enfermedad que la tiene muy debilitada… Fotografía en blanco y negro con una luminosidad en contrastes que cautiva.
Acompañamos a las mujeres en su camaradería, en su ayuda mutua y también en los momentos de tensión y de amargura. Con apenas cinco cucharadas de arroz en un solo plato al día son obligadas a trabajar sin medida. Sin embargo, tienen momentos de unión que las fortalece: cantan por las noches en un intento de facilitar a sus pequeños tranquilidad y descanso. Son capaces de mantener símbolos de paz y trascendencia en barracones insalubres. Una pequeña estatua de la Virgen junto a una vela parece velar en aquel barracón donde se cuela el agua de lluvia cada poco tiempo.
La lluvia torrencial acompaña muchas escenas, es una música de fondo que remite al miedo, a la indefensión, a la incapacidad de hacer frente a la adversidad y sin embargo siempre amanece un nuevo día con la esperanza de poder encontrar a quien aman o de tener noticias del fin de la guerra.

Una escena conmovedora es la despedida de los maridos cuando las mujeres son trasladadas de campo. No les permiten abrazarles ni besarles. Solo pueden darse la mano y cada cual tranquilizar al otro suavizando sus condiciones de vida que el espectador sabe que no son como las describen. Generosidad de un amor que pretende dar vida al otro a través de sus palabras y sus sacrificios innegables. Poco después veremos a Agnes comiendo, como si de un manjar se tratara, restos de comida recogida de la basura.
El momento más duro para la protagonista es relatado con precisión. Es atacada cuando recogía la colada en una noche de fuerte viento. Se le tacha de mentirosa. Comenta que su gran error fue olvidar la primera regla de un prisionero: Olvidar que quien lleva el arma siempre tiene la razón. Las torturas y las presiones sobre Keith para evitar que denuncie el intento de violación son estremecedoras y de una frialdad que impresiona. Su valentía al no querer ceder al chantaje de firmar una mentira en torno al caso casi le cuesta la vida. La presencia del coronel Suga en el momento adecuado lo impide. “Me duele todo el cuerpo, tengo todo el cuerpo entumecido. No puedo dar un paso más. Me duele tanto que no siento mis movimientos” dirá en medio de su desesperación.
La relación entre el coronel Suga y la escritora no deja de ser un contrapunto a esta situación dramática y un aspecto diferencial respecto a otras películas similares. Suga es sensible y educado, ha leído las obras de Agnes y la admira por lo que le pide su dedicatoria en varias ocasiones. Sin embargo, es fiel a sus superiores y apenas va más allá en lo que se refiere a la situación de la mujer como prisionera. A lo más ofrecerle cigarrillos en cada encuentro.

Sólo al finalizar la guerra se permite llamarla para exteriorizar su pena al saber de la muerte de toda su familia en Hiroshima. Es un momento duro que Agnes comprende y empatiza con su dolor antes de despedirse. No hay reproches, ni rencores por parte de ella.
La escena final, magistral, muestra a un Suga derrotado mirando entre sollozos a tres niños prisioneros a los que ha invitado a merendar en su casa. Entre ellos al hijo pequeño de Agnes que le recuerda a su propio hijo muerto. Al decir de los críticos es un momento dramático intenso y lleno de emotividad que cierra una obra excelente, comedida y sin altibajos. Muy valiosa en cuanto al análisis de las distintas culturas y sensibilidades en relación con la guerra.
Un punto de luz para cuestionarnos si merece la pena tanta autodestrucción incluso en aras de ideales que pueden parecer justos. El fin nunca justificará los medios. Y la vida humana será siempre el bien mas preciado por el que se deberá luchar en aras de su protección incondicional. Como escribió Agnes en su libro, la vida no nos pertenece, nos atraviesa.
Una historia real plasmada en libros de interés histórico y autobiográfico que nos remite a ideas esenciales entre las que entresaco dos por ser ejemplo de esas dos culturas tan dispares y a la vez con profundos puntos de unión:
«Amar profundamente a alguien te da coraje» (Lao Tzu)
«Lo que cuenta no es la fuerza del cuerpo, sino la fuerza del espíritu» (J.R.R. Tolkien)







