Sinopsis
Kun, un niño mimado y consentido de cuatro años al que sus padres dejan de prestar atención cuando nace su hermana Mirai, empieza a sufrir situaciones en casa que nunca había vivido. Pero entonces, la versión adolescente de su hermana viaja en el tiempo desde el futuro para vivir junto a Kun una aventura extraordinaria más allá de lo imaginable.
Crítica
El samurái destronado
16 de marzo de 2019 - 21:23
“El cine protagonizado por niños pequeños retrata el amor en su quintaesencia, de forma totalmente pura”. La frase es del cineasta japonés Mamoru Hosoda -está sacada de esta entrevista para la revista Mutaciones-, y viene a cuento porque resume su última película, Mirai, mi hermana pequeña, que acaba de llegar a los cines españoles.

Se trata de una cinta de dibujos animados que relata la llegada de un nuevo miembro a la familia desde el punto de vista de un niño de cuatro años. Kun -así se llama el pequeño- vive con celos y angustia el nacimiento y los primeros pasos de Mirai, su nueva hermana. Con esta premisa, Hosoda desarrolla una fábula tierna y transformadora que hunde sus raíces en el realismo mágico.
Valores y virtudes
Mirai es una película que se vive constantemente desde los ojos de Kun: por eso, parece retratar un mundo en el que las reglas aparecen y desaparecen constantemente, un mundo en el que nada tiene demasiado sentido. “Yo no veía a los niños pequeños como seres interesantes hasta que tuve hijos: los cuatro años es esa edad en que empiezan a ser conscientes de lo que ocurre a su alrededor y empiezan a desarrollar su particular mundo interior”, continua Hosoda en la entrevista citada.
Fruto de esta visión, los espectadores nos abocamos a una montaña rusa en la que los perros hablan y los adultos del futuro visitan el pasado. Un caleidoscopio fantástico y fantasioso que, sin embargo, se cimenta con firmeza en la experiencia humana: es una película sobre celos, sí, pero también sobre maduración. Sobre adaptación y sobre dejar atrás el egoísmo.

Visto desde el punto de vista de un adulto, resulta especialmente interesante el retrato delicioso y comprensivo que el director hace de los padres de Kun y Mirai. Son una pareja joven, imperfecta y siempre atareada, pero que lo dan todo por sus hijos, hacen el máximo siempre con amor y con sencillez.
Calidad cinematográfica
Mirai, mi hermana pequeña sigue la línea de películas anteriores de Hosoda: su gusto por combinar premisas fantásticas con un substrato de hondo calado humano ya lo vimos en El niño y la bestia, Los niños lobo o La chica que saltaba a través del tiempo. En esta estela, el film que nos ocupa se mueve con delicadeza y fluidez, sin descuidar en ningún momento el sentido del humor.
Con una animación limpia y sencilla -sin alardes, pero sin taras-, Mamoru Hosoda va tejiendo poco a poco una sucesión de escenas en las que habla a todos los públicos. A la vez que divierte a los pequeños con sketches cómicos y situaciones surrealistas, plantea a los más mayores una reflexión sobre cómo todos hemos sido niños y cómo hemos cambiado. Sobre cómo transmitimos el “yo” que fuimos y que somos a nuestros hijos… y de cómo entonces, incluso a pesar de vernos reflejados en ellos, a ratos no los entendemos.
En definitiva, la obra es muy recomendable: una fábula de animación en la línea de las joyas del Studio Ghibli o de algunos aciertos nipones recientes. Mirai, mi hermana pequeña es esa nueva demostración de que se puede hacer cine sencillo y para todos los públicos sin descuidar la ternura y la mirada humana.
Ficha técnica
- Título Original: Mirai
- Dirección: Mamoru Hosoda
- Guión: Mamoru Hosoda
- País: Japón
- Año: 2018
- Duración: 100 min.
- Género: Drama fantástico
- Interpretación: (Animación)
- Productora: Studio Chizu
- Música: Takagi Masakatsu
- Fotografía: (Animación)
- Estreno en España: 15 de marzo 2019







