Margin Call: Que siga la música

21/02/2014

[Julio R. Chico – Colaborador de CinemaNet]

“Echamos al 80% de la plantilla… y a mí se me muere el perro”, exclama un Sam cariacontecido, casi como si fuera un chiste aunque la realidad no lo sea tanto. La sangría ha sido salvaje y los modos de llevar a cabo esa regulación de empleo no respiran un ápice de humanidad. No hay explicaciones ni razones, y son dos mujeres quienes dan la estocada a quien lleva diecinueve años en el Banco de inversión. Frente a esas dos ejecutivas de rostro sin compasión se opone la imagen del padre cuyas fotos de familia presiden su mesa de trabajo, y el “le agradecemos los servicios prestados” con que le despiden supone una absoluta falta de reconocimiento: son las paradojas de un sistema que devora a sus hijos, y el sinsentido de una cascada que desconoce quién será el próximo en caer. Y frente a los lugares cerrados de esas oficinas de riesgo y solo aparentemente transparentes, se abre un mundo globalizado en su gestión y en su corrupción… como bien recoge el gran angular con que se abre la película que dirige y escribe J.C. Chandor.

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Margin call es la cruda radiografía de un universo donde el juego financiero ha atropellado la humanidad, donde la apuesta por el beneficio no entiende de ética ni de circunstancias personales, donde el propio sistema se sostiene sobre la aquiescencia de quienes se enriquecen a su costa. Es la ley de la selva que se libra con una competitividad salvaje como escuchamos en el speech que Sam -un gran Kevin Spacey– dirige a los supervivientes, y donde hay que ser los primeros, los más listos o los que más engañan… como resumirá el super-jefe de la corporación al que da vida Jeremy Irons. Pronto los picados desde el rascacielos amenazan con un final trágico, mientras un pen drive se convierte en llave de salvación… o de perdición. La cámara se encarga de que el cielo nublado se acelere y simule el vértigo del mercado financiero, a la vez que el clima turbio de algunos negocios. Cada puesto de responsabilidad -hay muchos “jefes de jefes”- esconde su carta bajo la manga y trata de tener cubiertas las espaldas, mientras dos jóvenes analistas y sobradamente preparados intentan abrirse paso entre los chacales y víboras del camino, no se sabe si en busca de la verdad o tratando de salvar el puesto. Tirar de la manta o huir hacia adelante, mirar a las personas o hacerlo al dinero… esa es la disyuntiva y esa es la cuestión que nos plantea Margin call.

Al parecer, según la cinta, el mundo se divide en dos tipos de personas: aquellos que juegan con los números sobre un ordenador -realidades virtuales- y viven adictos al riesgo, y los que se dedican a levantar puentes -realidades tangibles- para el bienestar de los ciudadanos… o, dicho de otro modo, los que eligen el camino más corto y los que prefieren el más largo. En medio, unos sueñan con sueldos millonarios, otros se ven obligados a callar porque necesitan el dinero para pagar la hipoteca… y todos viven analizando el índice de volatilidad o las compras y ventas de activos , aunque parece que nadie sabe con claridad “qué es lo correcto”. Definitivamente, lo técnico-financiero ha sepultado el sentido común y ético, y conscientes de que todo es en realidad más complejo… terminan concluyendo que siempre “al final del día, unos ganan y otros pierden”. Y tanto los más honrados como los menos escrupulosos enterrian la basura de un sistema capitalista, de la misma forma que Sam hace con su perro o con su propia vida familiar.

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Pero en ese trabajo de vender humo, nadie es inocente… y la “gente normal” es la primera que les empuja a mover los números de la cuenta porque quiere mantener su ritmo de consumo desenfrenado (porque siempre se gasta todo lo que se lleva en el bolsillo), porque quiere “seguir viviendo como reyes”: es la hipocresía de quienes miran para otro lado y callan, de quienes en realidad no quieren justicia sino beneficio personal… Para unos y para otros no hay más que una solución y no existe elección posible, y de ahí la liquidación total de los activos (aunque sea “con reservas”): hay que seguir adelante para que la música siga sonando y saber antes que nadie la melodía que se escuchará… en una metáfora que queda gráficamente expresada con esa escalera mecánica por la que avanzan los protagonistas o con ese ascensor en el que suben los dos altos ejecutivos con la señora de la limpieza.

De esta manera, entre chantajes y mordazas impuestas, entre advertencias desoídas y elegantes cuchilladas… se cortarán cabezas para que el sistema siga vivo, y eso aunque haya quien vaticine la muerte del mercado y de la confianza. Pero la historia siempre ha sido así, dice el personaje de Jeremy Irons, y en medio de un circo de confusión y mentira, se propalarán rumores y tratos de favor envenenados… porque todo vale con tal siga sonando la música.

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Un comentario

  1. julio dice:

    Es muy buen articulo. Un saludo.

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