La doctora de Brest

19/11/2016

En La doctora de BrestEmmanuelle Bercot lleva a la gran pantalla la historia real -y reciente- de Irène Frachon, una médico corriente que plantó cara a una multinacional farmacéutica que vendía conscientemente un fármaco que llegaba incluso a causar la muerte.

CinemaNet La doctora de Brest

ESTRENO RECOMENDADO POR CINEMANET 

Título Original: La fille de Brest
Dirección: Emmanuelle Bercot
País: Francia
Año: 2016
Duración: 105 min.
GéneroDrama, Biográfico
Interpretación: Sidse Babett Knudsen,  Benoît Magimel,  Charlotte Laemmel,  Isabelle De Hertogh, Lara Neumann,  Philippe Uchan,  Patrick Ligardes,  Olivier Pasquier,  Gustave Kervern, Myriam Azencot,  Pablo Pauly,  Eddie Chignara,  Raphael Ferret,  Christophe Meynet, Gilles Treton,  Garance Mazureck
Guión:  Emmanuelle Bercot, Séverine Bosschem, Romain Compingt, Irène Frachon
Productora: Haut et Court / France 2 Cinéma / Cofinova 12 / Soficinema 12 / SofiTVCine 3 / Palatine Etoile 13 / Cinemage 10 / Canal + / Cine + / France Televisions / Région Bretagne

Música: Martin Wheeler, Bloum
Fotografía:  Guillaume Schiffman
Estreno en España: 18 de noviembre de 2016


SINOPSIS

La doctora de Brest narra la historia real de la neumóloga Irène Frachon, quien, a partir de 2007, fue relacionando las graves complicaciones cardíacas de algunos pacientes con la toma de «Mediator», un fármaco para diabéticos y personas con sobrepeso producido por la poderosa farmacéutica Servier. Para probar los efectos nocivos de ese medicamento -que causa incluso la muerte-, la doctora Frachon emprende una lucha colosal frente a un sistema enrocado, en el que los organismos de control sanitario resultan prácticamente inútiles ante la fuerza económica de un poderoso laboratorio, bien respaldado por autoridades académicas.


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CRÍTICAS

[María Ángeles Almacellas. Colaboradora de Cinemanet]

La directora Emmanuelle Bercot trata los sucesos con mucho rigor, aunque, lógicamente, tiene que adaptarlos para una obra cinematográfica interesante y comprensible para el gran público. La confrontación entre la frialdad de la mera búsqueda de beneficios y el interés personal del médico hacia sus pacientes se hace agudamente conmovedora, cuando la doctora Frachon lee la lista de nombres de pacientes afectados –sólo nombres, no apellidos–. Quienes han sido dañados y tratados injustamente en su dignidad y el cuidado de su salud no son números de expedientes, sino personas concretas, seres humanos afectados por la enfermedad, que merecían la atención del facultativo y la protección del Estado.

CinemaNet La doctora de Brest

Para evitar que el espectador pueda perderse en la terminología médica, los efectos nocivos del fármaco –alteraciones cardíacas y muerte− se muestran plásticamente en la intervención quirúrgica y en la autopsia de un personaje ya conocido y cercano, que es el paradigma de todos los enfermos perjudicados.

Bercot ofrece un maravilloso retrato de Irène Frachon, una mujer normal, una médico de hospital, con una familia feliz, que, por honradez, amor a la verdad y a la justicia y, sobre todo, por coherencia con su compromiso de velar por la salud de sus pacientes, se convirtió en alguien extraordinario, capaz de vencer en una difícil y peligrosa lucha, tan sólo con la fuerza de su determinación y su limpieza de intenciones. No estuvo sola, porque otros profesionales se unieron a su causa, los medios de comunicación hicieron también su labor de divulgación y denuncia, y entre todos lograron doblegar a la fuerza descomunal del dinero.

La película trata del caso concreto de un fármaco, pero en el fondo puede referirse a todo tipo de injusticia, manipulación y corrupción que haga primar los intereses espurios por encima del bien de las personas. Ante cualquiera de esas situaciones, como sucede en la historia de la doctora Frachon y el Mediator, algunos no se enteran, otros no se quieren enterar, los hay que se enteran pero no están dispuestos a actuar, y finalmente están las «Irenes» que son capaces de mover montañas para que resplandezca la verdad y prevalezca el derecho y la justicia. Como dice Irène Frachon citando a Einstein, «El mundo es un lugar peligroso para vivir, no por los que hacen el mal, sino por aquellos que no hacen nada al respecto». 

Crítica cedida por la Fundación López-Quintás



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