Anna Karenina

20/03/2013

Película de gran belleza, espléndida y espectacular que sorprende al espectador y le ofrece dos horas de regalo para los sentidos. Opta por distanciarse de los cánones clásicos de sus predecesoras y ofrecer una puesta en escena original, basada en el espacio físico teatral, pero dilatado por la magia del cine.


ESTRENO RECOMENDADO POR CINEMANET

Título original: Anna Karenina
País: Reino Unido
Año: 2012
Dirección: Joe Wrigth
Intérpretes: Keira Knightley, Jude Law, Aaron Johnson, Kelly Macdonald, Matthew Macfadyen, Olivia Williams.
Guión: Tom Stoppard; basado en la novela de León Tolstoi.
Música: Dario Marianelli
Fotografía: Seamus McGarvey
Distribuidora en cine: Universal Pictures International
Duración: 130 min.
Género: Drama
Estreno en Reino Unido: 7 de Septiembre de 2012
Estreno en España: 15 de Marzo de 2013

 

 


SINOPSIS

Nueva y atrevida adaptación de la obra de León Tolstói, que nos traslada a la Rusia imperial de finales del siglo XIX. Muy fiel a la novela, la película nos muestra la historia de Anna Karenina, casada con el alto funcionario Karenin, que goza de una alta posición social en San Petersburgo. En un viaje a Moscú, conoce al joven y apuesto oficial de caballería Vronsky. Entre ellos surge de inmediato una gran atracción y no tardarán en sucumbir a una ardiente pasión, que constituirá un gran escándalo, sobre todo por la personalidad del marido, hombre con gran influencia en el gobierno. La relación adúltera, conocida de todos, no solo destruye el matrimonio, sino que hace tambalear todo el edificio de las convenciones sociales del momento. Se afirma de Anna que “ha hecho algo mucho peor que infringir la ley, ha infringido las reglas”.


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CRÍTICAS

[Mª Ángeles Almacellas – CinemaNet]

Nueva y atrevida adaptación de la obra de León Tolstói, que nos traslada a la Rusia imperial de finales del siglo XIX. Muy fiel a la novela, la película nos muestra la historia de Anna Karenina, casada con el alto funcionario Karenin, que goza de una alta posición social en San Petersburgo. En un viaje a Moscú, conoce al joven y apuesto oficial de caballería Vronsky. Entre ellos surge de inmediato una gran atracción y no tardarán en sucumbir a una ardiente pasión, que constituirá un gran escándalo, sobre todo por la personalidad del marido, hombre con gran influencia en el gobierno. La relación adúltera, conocida de todos, no solo destruye el matrimonio, sino que hace tambalear todo el edificio de las convenciones sociales del momento. Se afirma de Anna que “ha hecho algo mucho peor que infringir la ley, ha infringido las reglas”.

Lo más interesante y novedoso del filme es, sin duda, el aspecto visual, una aventura arriesgada, pero de un resultado impresionante. La acción transcurre en un maravilloso teatro aunque decrépito en su interior y con el patio de butacas permanente vacío de espectadores. Como en un gran teatro del mundo, cada personaje de la historia asume el rol que le corresponde en esa sociedad decadente, sólo preocupada de cuidar la apariencia en las relaciones. Hay profusión de luces y brillos, decorados deslumbrantes, todo es falso, nada es real. Todos fingen, cada uno representa el papel que le ha sido asignado en la comedia de la vida, pero nadie es auténtico, son personajes vacuos. El teatro, espléndido por fuera pero ruinoso por dentro, constituye una metáfora perfecta de la aristocracia rusa de aquel momento, tan preocupada de identificarse con las formas de la cultura francesa, que se ha quedado sin identidad propia, sin contenido.

Los personajes se mueven sobre las tablas de un escenario o entre bambalinas. Se abren puertas y cruzamos paisajes nevados, nos introducimos en una pista de hielo, asistimos a magníficas carreras de caballos, suntuosos bailes, intrigas de alcoba, pasiones desbocadas, todo transcurre en el interior de un teatro que cobra vida, produciendo un efecto mágico. Un detalle curioso es que el dormitorio de Serozha, el hijo de Anna, es una réplica en miniatura del mismo teatro, iluminado por candilejas.

Una adaptación tan visualmente prodigiosa puede parecer, a primera vista, carente de profundidad en el desarrollo de las pasiones que describe Tolstói. Pero en realidad no es exactamente así. En un segundo plano, la película nos narra la historia de Levin, gran amigo del hermano de Anna, que constituye el contrapunto de la pasión destructiva de Anna y el conde Vronsky. Como en un juego de espejos, en la relación de Levin y Kitty, se contempla la irracionalidad de la actitud de Anna, y la ofensa infringida a su marido, El mundo de Levin está fuera del teatro, en el paisaje idílico, genuino, de la isla de Kizhi, en el lago Onega. En algún momento se ve obligado a salir a escena en el teatro, pero su lugar está en su granja, en plena naturaleza. La vida de Levin es auténtica no es insentata, sino que está llena de sentido. Frente a la entrega sin reservas al huracán de la pasión efímera, Levin conquista pacientemente el amor de la mujer amada. En contraste con la decisión de Anna de abandonar marido e hijo para seguir a su amante, Kitty y Levin acogen generosamente al hermano enfermo y a la pobre mujer que está junto a él. El sentimiento religioso, muy claro en Tolstói, está también presente en el film, pero más sugerido que explícitamente tratado.

Parece que Joe Wright haya querido anular la diferencia entre cine y teatro, ha cruzado arriesgadamente la línea que separa a ambos. En una escena portentosa, el tren de juguete de Serozha pasa de su alcoba, en el teatro, a un ventoso paisaje ruso antes de convertirse en un tren de dimensiones reales en el que viaja Anna hacia Moscú. El resultado es una película de gran belleza, espléndida y espectacular que sorprende al espectador y le ofrece dos horas de regalo para los sentidos.


[Juan Orellana – Cope]

Son muchas las versiones cinematográficas, televisivas y teatrales que se han hecho de Anna Karenina, la famosa obra del ruso León Tolstoi, siendo la de Clarence Brown, con Greta Garbo, la adaptación más canónica y redonda desde el punto de vista cinematográfico. En 1997, Bernard Rose rodó la primera versión moderna para la gran pantalla, con Sophie Marceau en el papel protagonista. Ahora el londinense Joe Wright (Orgullo y prejuicio, Expiación, El solista, Hanna), que en cierto modo parece el nuevo James Ivory del siglo XXI, opta por distanciarse de los cánones clásicos de sus predecesoras, y ofrecer una puesta en escena original, basada en el espacio físico teatral, pero dilatado por la magia del cine.

El argumento es muy fiel a la historia original: en la Rusia de fines del siglo XIX, la aristócrata Anna Karenina sucumbe a una pasión adúltera que le lleva a la autodestrucción. Sin embargo, frente a unas lecturas más feministas de la obra, el guión de Tom Stoppard (El imperio del sol, Vatel) subraya el delirio irracional de esta mujer, y la injusticia infringida a su marido. También los aspectos religiosos aparecen con más personalidad que en otras versiones. Keira Knightley es una actriz excelente, aunque no llega a alcanzar la intangibilidad que mostró la “divina” en la versión sonora de 1935. Alekséi Karenin adquiere más ternura de la mano de Jude Law, y la madre del Conde Vronsky está convincentemente interpretada por la brillante Olivia Williams.

Lo más interesante es indudablemente el aspecto visual del filme: su puesta en escena, sus curiosas coreografías, su dirección artística y su iluminación.


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Un comentario

  1. […] ese cine de época, dos adaptaciones literarias han llegado a la pantalla. Tolstói con “Anna Karenina” y Dickens con “Grandes esperanzas” son platos fuertes para el espectador y para un cine […]

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